Mercados españoles cerrados

Los desorbitados impuestos sobre el sol que provocan la burla de la prensa extranjera

La otra cara de la moneda

El caos energético que vive España desde hace años ha escrito su capítulo más sonado y esperpéntico. La última norma del Gobierno sobre la cuestión, la llamada reforma eléctrica, persigue acabar con los enormes costes que genera el sistema de producción de electricidad del país y que no se cubren con lo que pagamos en la tarifa de la luz. Ese desfase provoca el multimillonario déficit de tarifa, que obliga a que el Estado tenga que endeudarse más para pagarlo.

Uno de los principales cambios que ha aprobado el Gobierno va dirigido contra el autoconsumo eléctrico, aquellos hogares y negocios que tienen instalaciones para autoabastecerse de energía, básicamente a través de paneles solares. La regulación previa de los gobiernos anteriores y las millonarias ayudas que se daban provocaron una burbuja inversora en este campo que ha provocado que exista una sobrecapacidad respecto a la demanda de más del 60%, según los cálculos del ejecutivo.

[También de interés: Si tienes una segunda vivienda, prepárate para el nuevo tarifazo en el recibo de la luz]

La revista Forbes ha puesto este tema en su punto de mira y le ha sacado punta mofándose de las decisiones del Gobierno. La revista que elabora el famoso ranking de las principales fortunas del mundo, cuestiona que para solucionar parte del problema la vía elegida por España haya sido imponer “impuestos y multas increíblemente onerosos”, y los impone precisamente sobre el sistema de producción eléctrica que ha estado incentivando y subvencionando durante más de una década: el uso de paneles solares. Visto por ojos foráneos no se entiende, claro está, que un país supuestamente serio tenga una actitud tan distinta sobre un tema tan trascendente en función de si hay un gobierno u otro.

La revista hace sangre sobre las soluciones alumbradas por el Gobierno para acabar con ese déficit: “Parece que los miembros del Gobierno se quedaron sin ideas, miraron al cielo un día y pensaron “¡Ya lo tengo! ¡Pongamos un impuesto al sol!". Otras de las críticas más feroces se refieren a la obligación de conectar todos los paneles solares a la red bajo amenaza de multas de hasta 30 millones de euros. “Esta clase de cifra es tan inabarcable para una persona media que es casi como si se la hubieran sacado de la manga en una conversación como ésta: 'Ponemos 10 euros?' 'Qué va, eso es muy poco', '¿qué tal 100 millones de euros?' 'No, no, eso es muchísimo.' '¿30 millones de euros? 'Sí, eso suena bien'”.

El objetivo es aflorar todas las instalaciones de autoconsumo y evitar que se conviertan en generadores clandestinos que esquiven los nuevos impuestos que se les han fijado. Además, muchos autogeneradores producían su propia luz y el excedente se lo vendían a las eléctricas y éstas tenían la obligación de comprar esos kilovatios a precios muy altos.

El Gobierno acaba con esto, y más aún, toda la energía que se produzca para autoconsumo estará gravada con un peaje, esto es, por cada kilovatio que se produzca la empresa distribuidora recibirá del autoproductor una cantidad, independientemente de que también vierta algo a la red o no. Además, a partir de ahora la energía excedentaria se cederá a las distribuidoras eléctricas para que la vendan y el autoproductor no recibirá nada a cambio.

Un duro castigo para los productores independientes que hacen la competencia a las eléctricas y que levanta las sospechas de muchos. Basta recordar la cantidad de ministros e incluso presidentes que -tras finalizar sus responsabilidades políticas y colaborar en ciertas privatizaciones- obtuvieron puestos muy bien remunerados como consejeros de estas compañías eléctricas (Endesa, Gas Natural e Iberdrola entre otras).

La nueva regulación ha provocado un gran malestar y algunos temen que el resultado sea la desobediencia civil a gran escala, es decir, la entrada de miles de productores en la clandestinidad o en la insumisión.

IDNet Noticias

@Jorcha