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¿Es creíble que en diez años los vuelos sean gratuitos como dice Ryanair?

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La otra cara de la moneda

Adrian Pingstone - Wikimedia

El jefe de Ryanair, Michael O’Leary, lleva años lanzando propuestas polémicas y mensajes provocadores hacia su competencia. El último tampoco deja indiferente a nadie. Ha dicho que no descarta la posibilidad de que en 10 años los vuelos sean gratuitos.

Estuvo en boca de todos cuando afirmó por ejemplo que ir al baño en los aviones fuera de pago o que hubiera vuelos en los que los pasajeros fueran de pie para optimizar el espacio e incrementar la ocupación del avión y el ingreso por metros cuadrado de cabina. La estricta regulación sobre seguridad aérea no hará posible nunca esta provocadora idea de O’Leary pero tampoco deberíamos extrañarnos si alguna low cost empieza a cobrar por ir al lavabo o crea algún servicio Premium de pago compatible con el retrete de uso público.

Volviendo a los billetes gratis, si analizamos los precios que se pagan por algunos tickets y cómo está evolucionando la industria aérea quizá podamos entender el pronóstico de la aerolínea irlandesa. Por poner una referencia el precio medio del billete aéreo de Ryanair ha sido de 46 euros estos últimos meses y se estima que este invierno caerá de un 10% a un 15%.

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El negocio aéreo deja ingentes cantidades de dinero a los aeropuertos, tanto a través de las tasas que cobran a las aerolíneas y que éstas repercuten a los pasajeros como a través de los ingresos de los bares, cafeterías, tiendas duty free y demás comercios instaladas en los aeródromos, que además suelen ser muy caros.

Al mismo tiempo, hay aeropuertos que bonifican a las aerolíneas para que operen en ellos, como le ocurre a Ryanair, y por eso ahora el siguiente paso que planea O’Leary es que los aeropuertos compartan los ingresos que obtienen con las aerolíneas.

La clave es mover a gente, tener un flujo de pasajeros, y de potenciales clientes en las tiendas del aeropuerto de turno o del propio avión, que puede llegar a convertirse en un verdadero bazar aéreo donde se vende de todo, si no lo son ya en algún caso, como el de la propia Ryanair.

De hecho, esta empresa obtiene una gran parte de sus ventas de negocios ajenos a lo que es puramente volar. Nada menos que  cerca de un 25% de sus ingresos provienen de servicios asociados, como ventas dentro del avión o contratación de coches de alquiler o seguros. Y estos ingresos aumentan cuanto mayor sea la ocupación de los vuelos, cosa que se maximiza si los vuelos son gratuitos.

Vivimos no obstante una época dorada para la aviación, impulsada por la demanda creciente de viajes por parte de la población, la apertura de los cielos aéreos, la facilidad de contratación y embarque que permite internet, la sucesiva eliminación de controles aduaneros y la creación  prevista del espacio aéreo único europeo o el petróleo barato. Una conjunción de variables que no va a durar siempre. Por ejemplo, la amenaza terrorista ha forzado a restablecer ciertos controles aduaneros y a endurecerlos, el combustible volverá a repuntar si los países petroleros consolidan el recorte de producción que han pactado y los estados tienden a echar mano de las tasas y los recargos aeroportuarios para cuadrar sus maltrechas cuentas públicas.

Pero si este contexto favorable pervive, la idea de O’Leary no es descabellada. A lo mejor los billetes de pago se limitan en el futuro a las clases business, primera y a los nuevos vuelos supesónicos que asoman por el horizonte de la mano de Virgin.

 IDNet Noticias

@Jorcha