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Cataluña pide al Estado “lo que es suyo”, España “acepta que Europa le preste dinero”

La otra cara de la moneda

Cataluña, la Comunidad Autónoma más endeudada de España, ha pedido formalmente ayuda al Estado para poder pagar las deudas que le vencen en los próximos meses. En total, el Gobierno de Artur Mas pide, haciendo todo lo posible para restar dramatismo al tema, 5.023 millones de euros, casi un tercio de la capacidad total de que dispondrá el llamado Fondo de Liquidez para las Autonomías, que no es otra cosa que un mecanismo de rescate a la española.

La petición de socorro, anticipada en el mes de julio  por el consejero de Economía, era inevitable. Solo faltaba conocer la cifra y cómo la iba a vestir CiU para venderla al electorado catalán.

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La comunidad tiene que devolver en este segundo semestre 5.755 millones de euros, incluyendo un gran vencimiento de 2.760 millones de euros a finales de noviembre. Más allá de plasmar la dramática situación de las cuentas de las distintas administraciones, el rescate de Cataluña es como el espejo doméstico y a pequeña escala de la interminable y ruborizante negociación del Gobierno de Rajoy con sus socios europeos para obtener el apoyo financiero que evite la quiebra del país. Una fábula con moraleja sobre dos procesos similares de naufragio económico y el intento para que un malentendido  honor patrio o de partido no quede mancillado en el intento.

El gobierno catalán se justifica ante su parroquia diciendo que el dinero que se pide al Estado es de los catalanes, pero que está siendo gestionado por el Estado, indebidamente, claro, porque por eso reclama un sistema fiscal más ventajoso, como el vasco o el navarro. Bajo esta premisa, el Gobierno de Mas ha insistido en que "no va a dar las gracias" y tampoco, y este es el punto clave, va a aceptar condiciones políticas o de gasto para aceptar ese dinero. Al igual que España no iba a aceptar condición alguna para obtener los 100.000 millones para los bancos y el 11 de julio Rajoy anunciaba el mayor programa de ajuste de la democracia.

El ejecutivo catalán intenta marcar distancias y afirma que el proceso de negociación de España para pedir el rescate de Europa es distinto, y por eso espera que Rajoy ayude a Cataluña sin exigirle a cambio "condicionantes políticos". Casi al mismo tiempo que el portavoz de la Generalitat afirmaba esto, Rajoy declaraba que el rescate es una posibilidad, que se lo está pensando y que no hay negociación alguna encima de la mesa. Curioso, si tenemos en cuenta que en Bruselas distintas fuentes  dan por hecho que el acuerdo avanza y además se suceden los mensajes cruzados sobre el asunto entre los ministros de Rajoy, el BCE y la Comisión.

La adhesión al fondo autonómico implica someter al ejecutivo ayudado a un estricto control de Hacienda, que podrán fiscalizar y supervisar las finanzas catalanas con controles periódicos e incluso intervenir la comunidad si esta no cumple estrictamente las directrices de Hacienda. Por su parte, el recurso a los préstamos de Europa implica someter al país ayudado a una batería de condiciones políticas y económicas y a una estrecha vigilancia por parte de la Comisión Europea, el BCE y posiblemente el FMI. La soberanía nacional queda reducida a su mínima expresión.

Como señalaba ayer un alto cargo del PP en Cataluña, "alguien que pide ayuda no está en condiciones de poner condiciones". ¿El mensaje era para CiU o para su propio partido?

@Jorcha