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Así intentan las tabaqueras teledirigir a nuestros políticos

Europa es el paraíso de los lobbies, una actividad impulsada por la industria para condicionar las decisiones de los políticos. Bruselas, por ejemplo, es la ciudad con más lobbistas del mundo (se calcula que hay 15.000 ejerciendo) después de Washington.

La industria del tabaco junto a la de defensa, es una de las más activas por la cantidad de dinero que se juega en cada nueva regulación del sector. Ahora acaba de salir a la luz un nuevo escándalo que arroja datos sobre cómo funciona el lobbie tabaquero, cómo trabaja para granjearse el favor de los políticos y cómo los persuade o al menos como intenta hacerlo.

Para organizar su labor, la multinacional tabaquera Philip Morris tiene abierto un fichero de seguimiento de los eurodiputados franceses, según desvela el diario francés Le Parisien, que publica documentos exclusivos. En los mismos aparecen los nombres de 74 diputados europeos con menciones sobre su opinión acerca del tabaco y las acciones que pueden llevarse a cabo para que vote en favor de la industria.

[También de interés: España, el país don de las investigaciones por corrupción siempre caen en saco roto]

En el espacio dedicado a una eurodiputada puede leerse: "Ferviente opositora a la industria del tabaco. Es necesario vigilar de cerca sus eventuales iniciativas antitabaco. Rechaza reunirse con la industria". La multinacional atribuye en los documentos, que datan de 2012 y 2013, un color a cada diputado en función de la urgencia de reunirse con él.

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Según Le Parisien, la tabaquera tenía asignado un presupuesto de unos 550.000 euros repartidos entre 161 lobbistas para organizar "eventos". Tras las relevaciones, la presidenta del Comité Nacional francés contra el Tabaquismo, Emmanuelle Beguinot, considera necesario aclarar el destino real de ese dinero, ante la posibilidad de que pueda servir para comprar votos, aunque el diario señala que en lo desvelado "no aparece ningún rastro de corrupción".

Todo apunta a que el objetivo del lobbie tabaquero puede retrasar más la votación sobre la directiva europea que endurece las condiciones de venta de cigarrillos, prevista para el 9 de octubre próximo, tras haber sido aplazada ya en otras ocasiones. Su intención pasa por situarla después de las elecciones al Parlamento Europeo del año próximo, indica el diario.

Es el último escándalo en el mundo del lobbie, una actividad, legal y reconocida en casi todo el mundo pero que genera todo tipo de sospechas, sobre todo cuando se desarrolla de forma opaca. El penúltimo escándalo, también vinculado al tabaco, está todavía reciente. El pasado octubre el comisario europeo de Salud y Consumo, el maltés John Dalli, dimitió después de que su nombre se viera implicado en una investigación de la Oficina Antifraude de la Unión Europea (Olaf). Todo surgió cuando la empresa tabacalera Swedish Match denunció ante la Olaf que un empresario maltés próximo a Dalli le había propuesto influir sobre el comisario para modificar la nueva directiva sobre tabaco a cambio de 60 millones de euros.

El informe de la Olaf se presentó ante el presidente Durão Barroso el 15 de octubre y, solo un día después, la Comisión Europea anunciaba en un comunicado la dimisión del comisario maltés. Dalli ha proclamado posteriormente que su dimisión fue forzada y defiende su inocencia, aunque reconoce haber mantenido una reunión no declarada con un lobbista de la industria del tabaco. La consecuencia directa de esa pequeña crisis fue el enésimo retraso en la promulgación de la directiva sobre el tabaco, para gran satisfacción de la industria.

Parece cada vez más necesario por tanto que exista una regulación obligatoria para los grupos de presión radicados en Bruselas. La regulación de los lobbies en la Unión Europea es mucho más laxa que en otros países, como Estados Unidos. La Ley norteamericana de transparencia del lobbie de 1996 obliga a identificar a los integrantes del grupo de presión, así como sus objetivos, promotores y presupuesto. En Europa sólo existe un código de buenas prácticas y un registro de transparencia, ambos voluntarios.

En el caso del tabaco, además, los países se enfrentan a una aparente contradicción: deben velar por la salud de los ciudadanos mientras que al mismo tiempo recaudan grandes cantidades de impuestos con la venta de cigarrillos y puros. Es otro factor más que desestabiliza la batalla contra el tabaquismo.

IDNet Noticias
@Jorcha