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Al descubierto las sutiles maniobras de presión de los lobbies para doblegar gobiernos

Jaime Quirós
La otra cara de la moneda

Los grupos de presión o lobbies actúan en todos los países y usan tácticas similares para condicionar o doblegar el brazo a los gobiernos en temas clave. El diario The Guardian ha revelado los trucos más habituales que utilizan estos grupos en su empeño por influir en cómo legislan los gobiernos.

La discreción es un elemento clave. “Nuestra influencia aumenta cuando pasa desapercibida por el público”, declara a ese diario un lobbista que guarda el anonimato. El control del debate público es otro elemento esencial. Si un asunto no interesa a los medios, los lobbistas le buscarán el foro adecuado, fuera de los medios de comunicación, hasta conseguir que las voces contrarias a sus intereses sean marginales e irrelevantes. Todos lo hacen, desde los que defienden el fracking y la energía nuclear, a los que abogan por la reforma del sector público o la regulación bancaria.

En todo caso, la búsqueda de influencia en los medios de comunicación es determinante. Si el objetivo es obtener un marco regulatorio favorable para aumentar los beneficios, se maquilla el asunto para aparecer como tema de interés nacional. Son habituales los argumentos a favor del crecimiento económico y el empleo.

Otra de las fórmulas usuales es la búsqueda de prescriptores ya que las empresas son una de las fuentes de información menos creíbles para el público. Lo que necesitan, por lo tanto, son personalidades, aparentemente independientes, para llevar su mensaje.

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El patrocinio de un centro de pensamiento o think tank es otra de las vías eficaces. Son muy influyentes pero más caros que una mera agencia de lobbie.
Las empresas plantean en ocasiones acciones que provocan la reacción de una comunidad concreta y a través del lobbie trata de anticipar y evaluar riesgos de reputación. Una de las vías es tomar la temperatura de la comunidad a través de grupos de discusión, exposiciones, actividades de planificación y reuniones públicas. De este modo se conocen las inquietudes de los afectados y al mismo tiempo, los grupos de presión han desarrollado tácticas para neutralizar las amenazas de esos activistas, representados en muchos casos en organizaciones de consumidores o ecologistas. Una de las más comunes es dividir internamente a los movimientos sociales opositores.

Internet es otro campo de batalla. Por eso una vía clave para controlar la información es inundar la red con información positiva a través de blogs, comunicados de prensa, estudios e informes. De este modo se lograr la expulsión de los enlaces sobre textos críticos en los resultados de las búsquedas, o mejor dicho, su relegación a páginas posteriores a la primera en esos buscadores. Y poca gente va más allá de la primera página de resultados de búsqueda.

Sin duda, la más eficaz de las estrategias son las llamadas puertas giratorias. Los grupos de presión quieren tener acceso a los políticos y la mejor manera de acortar el proceso de crear relaciones es contratarlos cuando salen del gobierno o del partido de turno. De esa forma, la conexión con el poder es inmediata y directa y al cabo de los años, si esos políticos vuelven al poder, existirá un lazo profesional e incluso personal que puede abrir muchas puertas. En España el sector que más está utilizando esta estrategia es el energético, como bien se puede constatar al ver los precios de la tarifa de la luz, y el de consultoría.

El embate de los lobbies ha sido protagonista también estos días en la famosa propuesta de los expertos para cambiar toda la normativa fiscal para mejorar la recaudación y reducir el fraude fiscal. El presidente del comité de expertos que ha elaborado el documento, Manuel Lagares, por encargo de Montoro, ha sido presionado. Ha rechazado reunirse con grupos de sectores afectados por el texto, a quienes recomendó que "mandaran sus posiciones por escrito" y ha reconocido que "unas se han atendido y otras no". Hay muchos sectores sensibles a estos cambios, como el vitivinícola, ya que Lagares apuesta por estudiar un impuesto para el vino tal y como ha hecho Francia, o por subir el del tabaco.

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