A pesar de que la crisis ha azotado a casi toda Europa por igual, no todos los países han reaccionado de la misma manera ante sus consecuencias. El mejor ejemplo es Dinamarca. Si antes de la debacle económica de 2008 conseguía mantener su tasa de paro en el 3% de la población activa, ahora -en el peor momento- no rebasa el 7,5%, nada menos que 20 puntos porcentuales menos que la española. Es decir, de los casi 5,6 millones de daneses, menos de 400.000 están desempleados.
Las políticas estatales y las imaginativas iniciativas de creación de empleo de sus ciudadanos son la base sobre las que se edifica uno de los mercados laborales que mejor ha sobrellevado el tsunami de destrucción de puestos de trabajo que ha asolado el Viejo Continente desde hace algo más de cuatro años.
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De hecho, la última y agresiva iniciativa danesa por volver a reintegrar en el mercado laboral a los parados de larga duración pasa por
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